Existen sonidos preciosos
como una melodía
de Ludovico Einaudi.
Y luego existen otros
como tu llave
abriendo mi puerta,
cayéndose sobre mi mesa.
Pero aún existen más,
como el tintineo de una cuchara
sobre tu taza de café,
en mis mañanas.
Y estos últimos,
juro que podrían ser eternos.
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