La primera vez que te tuve
a milímetros de distancia,
acababas de regalarme un concierto
privado
de mis canciones favoritas
a piano.
Dime,
como querías que no me volviesen loca
tus manos.
La primera vez
que tuve ganas de besarte
estaba a menos de dos milímetros de ti.
Y lo peor no fue aguantar la tentación
de morderte los labios,
créeme,
sino saber el porqué.
Te busqué en una fiesta en la playa,
eran las tres y tú no me besaras,
eran las seis y el alcohol recorría mis venas.
Buscaba en otras tu boca,
buscaba en otros tu esencia,
Otro intento fallido que sumar a la colección,
porque cariño,
nadie se compara a ti.
Te ibas y volvías
te marchabas y venías.
Casi dos años después me buscaste,
lo recuerdo bien,
"No intentes evitar lo inevitable"
me dijiste,
me agarraste,
me llevaste a tus labios
y en ese momento supe que la felicidad,
no solo existe,
sino que me estaba besando.
Hoy estás aquí, escuchando Ludovico Einaudi
pero el miedo de perderte no cesa,
el sabor de echarte de menos
no se va de mi boca.
Así que déjame decirte que
si te marchas arañándome la piel,
que sea sin excusas.
Si te quedas besándome la espalda,
que sea para siempre.
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